Friday, January 27, 2006

El incendio del obispado y las cenizas de los avispados

Incrédulo asistí por segundo día, a la lectura de los manipulados periódicos. En ninguna portada, ni tan siquiera en páginas interiores, aparecía remarcada la palabra responsable. Sólo algunos pequeños retazos de algún columnista hablando de culpables, de dimisión.

Con todo respeto, comprendo el sentimiento de tristeza, pero me hubiera gustado leer, sentir en letras bien mayúsculas ¿cómo se puede quemar un edificio tan emblemático un lunes de 2006 a las 11 de la mañana, en el siglo del los móviles, de internet, noticias que vuelan en apenas segundos por todo el planeta? en el siglo de la alta tecnología, cuando los bomberos son capaces de asaltar un cabildo en cuestión de segundos.

¿Ustedes han intentado encender un fuego? Pasa un buen rato hasta que llegan las chuletas. ¿Cuánto tiempo pasó? La tea, la gran disculpa, la gran aliada. Cuando arde, no la paras, pero para que arda, pasan unos buenos minutos, imprescindibles en toda acción inmediata. Si fue cuestión de minutos, la respuesta ¿cómo es que no ardieron unas cuantas oficinas y todo hubiera quedado en un buen susto?

Todo esto son reflexiones de un ciudadano de a pie, sin conocimientos de fuegos, ni de cómo se actúa en un plan de emergencias, pero si falla el plan, hay que pedir responsabilidades. En mi trabajo, cuado meto la pata lo pago. El cliente, en este caso el ciudadano, exige responsabilidades y tengo que admitir el error.

El día del incendio estaban llenas las calles de chaquetas con el membrete del gobierno de canarias. Secretaría de no se qué, técnico de lo otro, que pululaban por las calles de acceso restringido, para el resto, con aire de necesarios. ¿Cuántos hay?

Y entonces después de la gran catástrofe, de las fotos del we are the world, de Abreu pidiendo paz ¿ahora?

Y de las cenizas echando humo todavía, surge en la contraportada del periódico, que me ha tocado leer en el bar donde desayuno, -coincide la contraportada con el último trozo de donut, esa droga que me está matando- el avispado de turno, que aprovecha la palabra obispado para recordarnos su pasado noble, tataranieto de Salazar, beneficiario -seguramente del reparto tan equitativo que supuso la conquista o post conquista, y no quiero que suene a alegato nacionalista o neoguanche-, hablando de emociones. Recordándonos en el 2006, los lujos de que fueron poseedores sus antepasados, de pianos de cola, de grandes espejos. En el 2006 hablar de esto me parece una aberración. Y no en el ámbito privado, donde respeto la suerte o desgracia que le ha tocado vivir a cada uno , pero en la contraportada de un periódico popular -y nunca mejor dicho- me suena a un acto de narcisismo familiar, innecesario en estos momentos. Recordarnos, una vez más, el carácter elitista que nos envuelve, pero lo mejor está por llegar.

Este edificio, que fue un casino anteriormente, ya no les pertenece y se reserva comentar el por qué. Queda claro que fue vendido. No creo que fuera expropiado. Si yo vendo algo, ya no me pertenece. Y a algunos en el 2006 esto les duele, todavía.

Puede que me equivoque y que esté metiendo la pata, pero sigo en mi firme convicción de que aquí, todo el mundo, se apunta al carro. Y si al carro se le rompe una rueda porque no la puse bien, me bajo y me subo a otro carro. Y si lo vendí y se le rompió a otro, exijo una indemnización por el daño emocional que me produce, vaya hombre no me jodas!